Cuando abres Antigravity y vas a lanzar tu primer agente, lo primero que tienes que elegir es con qué modelo quieres que trabaje. Verás varios nombres en el menú y es normal quedarse en blanco delante de la lista.
La buena noticia es que por defecto viene activado Gemini 3.5 Flash, y para casi cualquier tarea de programación es una elección acertada. Cada modelo del menú brilla en cosas distintas, y algunos gastan más créditos o tienen límites de uso más ajustados que otros.
Aquí tienes los cinco mejores para programar en Antigravity explicados uno a uno, con sus puntos fuertes y con cuál quedarte según lo que estés construyendo y los créditos que quieras gastar.

Es el modelo que Google creó junto a Antigravity y el que viene activado de fábrica. Es rápido, como toda la familia Flash, pero además le saca ventaja a Gemini 3.1 Pro en las pruebas de programación de Google. Esa rapidez se nota un montón al programar con agentes.
Combina algo poco habitual, código de buena calidad entregado a gran velocidad, así que resuelve tareas bien definidas sin hacerte esperar. Eso encaja de maravilla con la forma de trabajar de Antigravity, donde le encargas algo al agente y lo ves trabajar solo durante minutos, aprovechando además la capacidad de la plataforma para mover varios agentes a la vez.
Donde mejor se mueve es montando webs y aplicaciones desde cero, creando los componentes de una pantalla, escribiendo funciones nuevas o corrigiendo fallos sencillos como un botón que no responde o un dato que no se guarda. Si no tienes claro qué modelo usar, empieza por este y acertarás casi siempre.
Antigravity funciona con créditos, una especie de saldo que vas gastando cada vez que un agente trabaja. Flash es de los que menos saldo consume y de los que más margen de uso te dan antes de recargarse, así que puedes apoyarte en él para el grueso del trabajo y guardar las opciones caras para las tareas más exigentes.
Flash cubre la mayoría de situaciones, pero el catálogo de Antigravity no se queda ahí, porque cada modelo encaja mejor en un tipo de tarea, en un presupuesto de créditos o en un estilo de código concreto. Estos son los que completan la lista, con el momento ideal para echar mano de cada uno.

Era el modelo principal de la versión anterior de Antigravity y su enfoque es distinto al de Flash, porque prioriza la memoria sobre la velocidad. Va un poco más despacio, pero a cambio sostiene proyectos grandes sin perder el hilo de lo que está haciendo.
Su rasgo diferencial es la cantidad de información que maneja a la vez, capaz de tener presente un proyecto entero de una sola vez. Viene en dos versiones, High para máxima calidad y Low para tareas más ligeras y rápidas.
Encaja cuando programas sobre una base de código grande, por ejemplo para renombrar una función que se usa en todo el proyecto o migrar una librería sin romper nada. La versión Low cunde con lo repetitivo, como dar formato al código o generar archivos de configuración.
Gasta más saldo que Flash y su margen de uso suele agotarse antes, además de tardar más en recargarse en el plan gratuito. Conviene dejarlo para los proyectos grandes y darle a Flash las tareas que resuelve igual de bien por menos saldo.

Es la propuesta de Anthropic dentro de Antigravity y su acceso depende del plan y de cómo tengas configurada la plataforma, así que conviene revisar las condiciones antes de tirar de ella. Su enfoque pasa por la limpieza del código y por seguir tus instrucciones al pie de la letra, algo en lo que se diferencia de los Gemini.
Suele escribir un código más limpio y respetar tus indicaciones con una precisión que a Gemini a veces se le escapa. Tiene además una versión Thinking que se para a pensar antes de responder, útil cuando le pides algo con varias condiciones a la vez.
Brilla escribiendo código en lenguajes donde el orden importa, como componentes en TypeScript o funciones en Python que otra persona tendrá que mantener. También cuando le das instrucciones detalladas que quieres que cumpla sin desviarse, o cuando refactorizas respetando la estructura que ya tienes.
Su consumo de saldo se sitúa por encima de Flash, y en el plan gratuito comparte el margen de uso ajustado de los modelos potentes. La versión Thinking gasta todavía más, porque ese rato que dedica a pensar también cuenta para tu saldo.

Es el modelo que mejor razona de todo el catálogo de Antigravity, con su modo Thinking siempre activo. Su enfoque no es el día a día, sino los encargos más difíciles, los que se le atragantan al resto.
Razona a un nivel que ningún otro modelo del catálogo alcanza, y por eso saca adelante los encargos más complicados. Cuando Sonnet y Gemini Pro se quedan a medias en una tarea, este suele ser el que la termina.
Encaja para los encargos más difíciles, como cazar un bug escondido que llevas horas persiguiendo, decidir cómo organizar la arquitectura de un proyecto nuevo o reordenar partes delicadas del código sin romper nada.
Aquí está su gran contrapartida, porque es el que más saldo consume con diferencia, ya que razonar tanto gasta muchos recursos por dentro. Usarlo de cabecera te deja sin créditos enseguida en el plan gratuito, así que tócalo solo cuando la tarea lo justifique.

Es el primer modelo que OpenAI dejó libre para que cualquiera lo descargue y adapte sin pedir permiso. Dentro de Antigravity es su única opción del catálogo, y te permite ajustar cuánto razona antes de responder según lo que necesites en cada tarea.
Más que superar al resto en potencia, su aportación es darte una alternativa de otra familia de modelos. Escribe con el estilo característico de OpenAI, algo que viene bien si tu equipo ya está acostumbrado a esa forma de trabajar.
Resulta útil para tareas de programación corrientes cuando quieres contrastar el resultado con un modelo de otra familia, o cuando trabajas con otras herramientas de OpenAI y prefieres mantener un estilo de código coherente entre todas.
Su memoria de contexto es más limitada que la del resto, así que con proyectos muy grandes se queda corto. En las pruebas de programación suele quedar por debajo de Gemini 3.1 Pro y de Claude Opus, de modo que te conviene tratarlo como una alternativa para casos puntuales y no como tu opción principal.
Para verlo todo de un vistazo, esta tabla resume dónde encaja cada modelo y qué esperar de su consumo de créditos.

No hay una opción ideal para todo, así que la mejor elección depende del tipo de trabajo que tengas entre manos, del tamaño del proyecto y de los créditos que quieras gastar. Estos criterios te ayudan a decidir sin darle demasiadas vueltas.
Para tareas que el agente resuelve sin tener que mirar muchos archivos a la vez, Flash va sobrado y te ahorra saldo. En cambio, cuando trabajas con una base de código grande y necesitas que mantenga todo el proyecto en contexto, Gemini 3.1 Pro y su gran memoria te darán resultados más fiables.
Cuando la prioridad es ir rápido y ver resultados ya, Flash suele ser la mejor opción. Si en cambio buscas un código especialmente limpio y ordenado, Claude Sonnet 4.6 suele dar un acabado más pulido, aunque tarde un poco más en entregarlo.
Las tareas rutinarias suelen resolverse sin problemas con Flash o con Gemini 3.1 Pro en su versión Low. Cuando te enfrentas a un bug que se resiste o a una decisión importante sobre cómo organizar el código, Claude Opus 4.6 con Thinking compensa su mayor consumo de créditos.
Tu saldo de créditos pesa más en la decisión de lo que parece. Flash apenas lo consume y se recarga a menudo, así que aguanta jornadas largas de trabajo. Los modelos potentes, y sobre todo Opus, se agotan rápido en el plan gratuito, de modo que conviene gastarlos con cabeza y dejarlos para las tareas donde aportan una ventaja clara.
En Antigravity no hay un modelo perfecto, sino el que mejor encaja con cada tarea. Flash para el grueso del trabajo, Gemini 3.1 Pro para los proyectos grandes, Sonnet para el código cuidado, Opus para lo más difícil y GPT-OSS cuando quieras otra mirada.
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