Hacer vibe coding con Antigravity consiste en describir en lenguaje natural la aplicación que quieres y dejar que un agente de este entorno de Google la escriba, la ejecute y te la enseñe funcionando. Tú diriges y revisas, mientras él hace el trabajo mecánico.
El resultado depende del ciclo que repitas hasta que la app quede como quieres y de la calidad de las instrucciones que le des. Cuando le pillas el truco, el límite pasa a ser lo que se te ocurra construir, así que sigue leyendo con Antigravity abierto al lado y ve probando sobre la marcha.
Un chat de IA normal te devuelve un bloque de código que luego copias, pegas y peleas por tu cuenta, mientras que un agente de Antigravity, el entorno de desarrollo de Google, abre los archivos de tu proyecto, escribe en ellos, levanta la app en un navegador y vuelve con capturas de lo que ha construido. La diferencia está en que ejecuta y comprueba lo que hace, no se limita a redactarlo.
Tu papel cambia de sitio, porque pasas de escribir cada línea a explicar qué quieres, aprobar el plan que te propone, mirar el resultado y pedir los ajustes que falten, algo más parecido a dirigir a alguien junior que a programar.
Para moverte por todo eso tienes dos espacios en pantalla, el editor, donde ves y tocas el código cuando te apetece, y el gestor de agentes, un panel de control desde el que lanzas encargos y sigues a varios trabajando a la vez.
Para empezar no necesitas saber programar, aunque entender qué es un archivo, una carpeta y una terminal te ahorrará atascos. Cuanto mejor entiendas lo que te devuelve, mejores instrucciones sabrás darle en la siguiente vuelta, así que cada concepto técnico que aprendas por el camino se traduce en mejores resultados.
La puesta a punto se hace una sola vez, y con estos pasos de la guía de inicio de Google la tienes lista en unos minutos.
Al abrir una conversación eliges el modelo que la mueve. Gemini 3.5 Flash suele venir por defecto y va sobrado para encargos corrientes, mientras que uno con razonamiento como Claude Opus 4.6 Thinking, de los que mejor rinden para programar en Antigravity, suele ir mejor cuando el problema se atasca, a cambio de más créditos. Empieza con el ligero y sube de gama solo cuando se quede corto.
La política de revisión decide si el agente espera tu visto bueno antes de ejecutar su plan o si tira hacia delante sin esperarte. Mantenla activada en tus primeros proyectos, porque leer el plan antes de que toque un solo archivo te deja corregir el rumbo sin deshacer trabajo ya hecho.
Tu app se construye repitiendo siempre el mismo ciclo. Describes lo que quieres, apruebas el plan, revisas el resultado y vuelves a pedir cambios, hasta que se parece a lo que tienes en la cabeza. Asume desde el principio que harán falta varias vueltas, las primeras más torpes y las últimas mucho más rápidas.
Abre una conversación nueva en el gestor y cuenta qué quieres, para quién y con qué debe funcionar, con el mismo lenguaje que usarías con un compañero, algo del tipo "una web para apuntar mis gastos, con un formulario para añadirlos y una tabla que sume el total del mes".
Nombra las pantallas y las acciones concretas que esperas ver, porque son las que se convertirán en tareas. Cuando el encargo se queda en "hazme una app de gastos", rellena los huecos por su cuenta y suele acertar menos.
Al enviar tu petición, el agente responde con un plan de implementación, un documento donde te dice qué archivos va a crear, qué tecnología va a usar y en qué orden piensa avanzar. Léelo entero, es cosa de un minuto y te ahorra rehacer trabajo más tarde.
Si algo no cuadra, coméntalo ahí mismo y deja que lo rehaga. Solo cuando el plan te convence pulsas Proceed y el agente arranca a escribir el código.
Mientras construye, la lista de tareas se va marcando sola y verás los cambios en el código apareciendo en el panel lateral, así que con echar un vistazo de vez en cuando sabes en qué punto está.
Interrumpe solo si le ves torcer el rumbo de forma clara, por ejemplo si empieza a montar un sistema de usuarios que nunca pediste. Pararlo a tiempo y reconducirlo te ahorra créditos y evita que gaste vueltas construyendo algo que luego vas a tirar.
Cuando acaba, deja pruebas de su trabajo, un resumen de lo que ha cambiado, capturas de la interfaz y, si ha abierto el navegador, la grabación de lo que ha ido pulsando. Con el comando /browser lanzas el navegador tú mismo y ves al agente actuar en directo sobre tu aplicación.
Abre tú también la aplicación y úsala a fondo, porque ahí salen los fallos que las capturas no cuentan. Rellena el formulario con datos raros, deja campos vacíos, pulsa dos veces el mismo botón y apunta todo lo que falle para pedírselo en la siguiente vuelta.
Con lo que has visto, pide la siguiente vuelta en la misma conversación, que es donde se conserva todo el contexto de lo construido. Dile qué pantalla falla, qué hiciste y qué esperabas ver, porque "en la tabla de gastos, al borrar una fila el total no se actualiza" le da algo concreto que arreglar, mientras que "no me convence" le deja adivinando.
Repite el ciclo tantas veces como haga falta, y ve guardando el progreso en tu control de versiones cada vez que algo funcione, así siempre tienes un punto al que volver.
Con el ciclo ya dominado, estos son los hábitos que más se notan en el resultado. Cuanto mejor prepares cada encargo, menos vueltas necesitas y más se parece lo que construye a lo que tenías en la cabeza.
Un agente rinde en proporción al contexto que le das. Antes de pedirle nada, cuéntale qué hace la aplicación, con qué stack o conjunto de tecnologías está montada y qué convenciones sigues, y si el proyecto ya tiene código, deja que lo lea antes de tocarlo. Con esa base deja de suponer y acierta más a la primera.
Con el tamaño del encargo pasa algo parecido. "Móntame un marketplace" tiene demasiadas decisiones dentro y acabará inventándose la mitad, mientras que "añade el formulario de alta con nombre, email y contraseña, y valida que el email tenga formato correcto" se ejecuta y se comprueba en una vuelta. Trocea hasta que cada encargo quepa en una frase que puedas verificar tú mismo.
Arrastra una captura de la pantalla que buscas, un boceto hecho a mano o una referencia de otra web, porque describir un diseño con palabras es lento y ambiguo, y una imagen aporta algo concreto que imitar.
Una imagen de referencia ahorra varias vueltas de "más grande, ahora más pequeño", y si vas a pedir cambios sobre algo que ya existe, la captura del estado actual con lo que quieres tocar señalado funciona igual de bien.
Enséñale cómo debe verse un dato de entrada y su salida esperada, porque los ejemplos cierran puertas que de otro modo quedarían abiertas a la interpretación y reducen el margen a casi nada.
Las restricciones hacen la otra mitad del trabajo. Dile qué librería quieres que use, es decir, qué paquete de código ya hecho debe aprovechar en lugar de escribirlo desde cero, qué límite de tiempo tiene una consulta o qué no debe tocar bajo ningún concepto, por ejemplo "no modifiques nada dentro de la carpeta de autenticación". Cada restricción que escribes es un error que no vas a tener que arreglar después.
El gestor está construido justo para esto, así que aprovéchalo, y mientras uno monta la pantalla de listado, otro prepara la conexión con la base de datos y un tercero escribe las pruebas.
Reparte tareas que no se pisen entre sí, porque dos agentes editando el mismo archivo a la vez terminan chocando. Un reparto por pantallas o por carpetas suele funcionar bien, y tú vas aprobando planes según van llegando.
Antigravity admite servidores MCP, un estándar que actúa de puente entre el agente y sistemas externos. Con ellos puede consultar tu base de datos, buscar en tu documentación o tirar de una API, la vía por la que dos programas se piden datos entre sí, sin que tú hagas de mensajero copiando y pegando.
Los activas en Settings, dentro de Customizations. El único paso con algo de trabajo es conectar un servidor MCP en su archivo de configuración. Empieza por el servicio con el que más trabajes en tu día a día, así le das al agente acceso a tus datos reales y deja de tirar a ciegas.
Hacer vibe coding con Antigravity se aprende repitiendo el ciclo. Describes, apruebas el plan, miras el resultado y vuelves a pedir, y en cada vuelta afinas un poco más las instrucciones hasta que la app hace lo que buscas.
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